Atragantado en el punto medio de la fusión; corriéndote de lados opuestos; deslizándote como esas huellas de notas que resbalan. Te pago las mil y una, te concentro los mil y un cariocas, Y seguís plantando éxtasis por los huecos más ínfimos; y acá, desde el mambo corriente, te gritan penas; estrangulan la sangre ya comprimida, y te sacan los vicios del seguro transplante. Y esa acidez que te mata, que te navega desde los pies ya, y te mancha los ojos.
-Acepta mi invitación y vete-
sábado
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