se acumulan los puntos rojos
pero, a veces,
(amigo)
es difícil imaginar
aquellos ojos
recordar aquellas letras
que nos mantienen
buscando la puerta.
abusamos
de vez en vez
y nos refugiamos
en esos puntos
el cielo nos llueve
cegueras
y ahí nos refugiamos
quizá demasiado
ejércitos de libros
manchas blancas desde el cielo
las palmas reflejadas en las hojas de aquél sauce
querido ernesto
tormentas de recuerdos
te taran
te conmueven
te transpiran
y te pisan
caés
y tenés que empezar
a jugar
desde el uno
hasta el (ojala cien) sinfín
afuera caen disfraces
y cuando llegás
te hacen dejar
la capucha en la entrada
y los pies en la calle.
mirás tus manos
y comparás las líneas
(ojalá fuera tan fácil
con los ellos.)
en tu propio barrio
gritan absurdos
y la pared es un refugio cotidiano
ya las palabras soltaron las riendas
los ideales los transforman en poesía
poesía en ideales
ideales en los aires
en los nadies.
y he aquí el juego de los perdones
existen o no
no o existen
como puntos y comas
se pasan por alto
y se asoman
cuando los golpes tocan la puerta
perdón
o no perdón
basta de cronopios
y juegos de madera
de esas farándulas
de criaturas desquiciadas
dadas por un viaje
de los nadies
si somos mil
y volveremos en millones
para qué preocuparnos
en seguir buscando
aquellos puntos
puntos y comas
rojos
como gatillos
que se asoman
por las rejillas de esas puertas
sin fronteras ni horizontes
que te gritan
y de tan lejos
se pierden entre las hojas
entre los arcos
entre las iris
corrijámonos
y sigamos
después de diez minutos
borrón y cuenta nueva
y los núcleos se dispersan
la cúpula va desapareciendo
el gatillo sigue presente
hasta cuándo seguiremos recordando
y gritando números al aire
hasta cuándo seguiremos soltando globos
plantando árboles
en represantación de
los nadies
hasta el sinfín, mujer,
sinfines de revoluciones nos esperan
y nos tocan la puerta
nos acompañan a su baile
bailemos, casandra,
que el mundo está a tus pies.
martes
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