
quisiera poder comprender esto, ¿no? Las caricias infinitas, la infinidad de veces que reímos, nuestra inocencia al desnudo, nuestros pies descalzos, nuestros ojos un mundo, la forma de entrelazarnos, de enroscarnos, el juntarnos y ser lágrima, lágrima de vaivén, de euforias, de un éxtasis que le quita valor a lo ínfimo, una lágrima de no creer esto inmenso, pero completamente inmenso, flaquito. Una revolución en la palma de tu mano, y en cada rosa que me dás,
en esas cuarenta blancas que me acompañás a averiguar, en ese entierro de papeles que tiramos al azar,
en un pájaro de guatemala, en tus cantos de celia por los pasillos,
¿te acordás, mulato? cada mañana
en una mano café, en la otra pucho, en mi labios los tuyos,
entramos vacíos, giramos opuestos, y de pronto
escucho el cántico
era tu voz cantando a celia, a gritos, ¡gritos!
para alegrarme aunque sea la primer hora, y verme en el recreo, juntarme las lágrimas, pegarme las rodillas,
y alegrarme la segunda.
te tiro un pañuelo de palabras, o un abanico mejor, ya no me salen los versos, y mis manos andan bruscas,
a ver si venís, mañanita, a buscarme por los rieles,
que amanecer
no es poco.

1 comentario:
Vos sos, mi mulata, un abanico, de voces y tulipanes; te extraño, extraño los colores de tu rostro en la mañana, el leve aleteo de de tus manos cubiertas de invierno acercándose a las mías, buscando un jazmín y una caricia con que quitarse el frío. Te extraño, vos bailando por los pasillos, por las calles, llenando el aire con tu voz y las canciones de sui y los pájaros (sin máquinas ni hacedores), extraño la libertad de tu sonrisa. te amo infinidades, vas a ver que iré una de estas mañanas a esperarte con un café y una sonrisa y un jazmín.
Gracias, eternamente gracias victoria. es increíble, sos increíble.
Publicar un comentario