la aguja te marca las once. escucho que venís sacando el pañuelo de a poco, y te veo entrar con la botella. (los calamares te tiñieron la lengua). dejo volar mis palabras hablando de epilepsias y haciendo malabares con mis cejas.
entrás con una nebulosa roja que te tapa, te tapa y malinterpreta. te cubre la manta del silencio, y voy allá, a rociarme con los diamantes que caen desde arriba (son diamantes, sabés? pero con la fuerza del caer se fusionan). me compartís un poco de tu vida y te comparto un poco de mis humos. ( me compran la lengua los países del no entender). cae una cortina de diamantes, y caés en bruto. siento que la cortina pegó en mi nuca, en mis piernas, y cubre mis ojos.
los trabalenguas son lo tuyo, sabés. yo estoy acá, tratando de armarte,
de armarme. somos uno de diez fichas nomás -incoloras-.
te digo que vuelvas, que la fusión de esas caretas no te hacen olvidar el diamante; y caés, nuevamente, en bruto. te me caés.
el whisky y los gitanes
el diamante y la manta
lo bruto y lo fusible
el punto y la coma
diamante en bruto, dejame abrir la coma,
dejame ir antes de que caigas
dejame,
jueves
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